Se esconde en su chaleco de niño infame.
A lo mejor no tiene malicia, de hecho no creo que la tenga.
Seductor es su acusación. Y es consciente de ello.
Se mira al espejo y no se ve frágil.
Es posible que es sea sólo mi simple percepción. Pero, sin embargo, su posición lo delata.
Pendiente de caricias. Placer por placer entre estímulos y sentidos.
Entre esferas de suspiros jadeantes
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