Envenenado de odio, chaparro.
Solo y atormentado en la nieve,
te encontrabas enterrado por el dominio del hombre, por el poder inmundo.
Absurda desgracia de aquellos a los que sometes.
Los que se esconden entre hogueras a medio consumir por miedo a morir congelados.
Escupes egoísmo, falso amigo, y sólo me llenas de asco y repugnancia.
Ojalá, no tientes al miedo, porque es tu peor enemigo. Hay quien dice que tu posible aliado, es verdad, pero yo no confiaría en los monstruos de cara sonriente.
miércoles, 11 de enero de 2017
lunes, 26 de diciembre de 2016
Léeme lo que yo te escribiré
Intento dibujarla en mi mente. Recordando sus movimientos y sus palabras perdidas. Intento comprender sus melodías, cada entonación que hasta ahora era incomprensible...
Y la observo en la ausencia, la busco entre líneas de versos rotos. Imagino su aliento en mi frente, sus manos rozando mi alma.
Y me doy cuenta que suelo pedirle mucho al corazón, sin darme cuenta que tan solo es un músculo demasiado ocupado con sus latidos, como para tener tiempo de padecer por amor.
Y la observo en la ausencia, la busco entre líneas de versos rotos. Imagino su aliento en mi frente, sus manos rozando mi alma.
Y me doy cuenta que suelo pedirle mucho al corazón, sin darme cuenta que tan solo es un músculo demasiado ocupado con sus latidos, como para tener tiempo de padecer por amor.
Abu
Sí señora! Ese era tu reclamo.
Me gustan sus ojos, sus verdes ojos. Son grandes y vivos. Su
sonrisa, las carcajadas son indiscutibles. Por supuesto, ese humor de la
familia. Y como olvidar los chismes.
Tu fuerza es indiscutible, tu valentía en la vida es
impredecible. Y te agradezco todo, porque a pesar de todas las cosas, siempre
me recibes con una sonrisa y con tu cariño. Es imposible tenerte rencor, porque
por encima de todo eres mi “abu”, mi “ubita”. La mujer más increíble de mi
vida.
Si desgranáramos cada virtud y cada cosa buena que le das a
tu familia, este escrito sería interminable. Espero poder volverte a repetir,
lo maravillosa que eres, pero esta vez a la cara, dándote un abracito y mirándote
a los ojos.
Gracias Abu.
sábado, 3 de diciembre de 2016
Eso
Y sí.
Nos fijamos en aquello que destaca, en ello que nos llama la atención.
Nos encanta lo 'misterioso', lo profano, lo prohibido. Lo que nos sacia con una sonrisa picara.
Nos vuelve locos ese deseo, ese descontrol que nos muestra, aunque posiblemente por dentro este más controlado que nosotros mismos. A lo mejor somos más prohibidos y caprichosos que aquello en lo que nos fijamos.
Esperamos constantemente respuestas de ello. Nos enloquecemos
Nos obsesionamos, fascinamos de su encanto. Nos convertimos en insaciables sodomitas de su aliento
Nos fijamos en aquello que destaca, en ello que nos llama la atención.
Nos encanta lo 'misterioso', lo profano, lo prohibido. Lo que nos sacia con una sonrisa picara.
Nos vuelve locos ese deseo, ese descontrol que nos muestra, aunque posiblemente por dentro este más controlado que nosotros mismos. A lo mejor somos más prohibidos y caprichosos que aquello en lo que nos fijamos.
Esperamos constantemente respuestas de ello. Nos enloquecemos
Nos obsesionamos, fascinamos de su encanto. Nos convertimos en insaciables sodomitas de su aliento
lunes, 5 de septiembre de 2016
Carpintero
Carpintero de nieve.
Odioso umbral de madera que cortabas en aquella mañana de octubre.
Creías que el viento podría ocultar el serrín de tu musa esculpida.
Pero olvidabas que el otoño no perdona.
Y el ocaso termina cumpliendo sus deudas.
Odioso umbral de madera que cortabas en aquella mañana de octubre.
Creías que el viento podría ocultar el serrín de tu musa esculpida.
Pero olvidabas que el otoño no perdona.
Y el ocaso termina cumpliendo sus deudas.
viernes, 8 de abril de 2016
Maldito folio en blanco
Maldito folio en blanco.
Llantos perdidos de hojas despistadas.
Maldito folio en blanco.
Barreras de murmullos con historias inventadas
Maldito folio en blanco.
Entrañas desgarradas y vertidas como estirados.
Maldito folio en blanco.
Verbos impersonales de voces arrinconadas.
Maldito folio en blanco.
Respuestas negativas a multiplicaciones infinitas.
Grises de esperanza y tristezas penetradas.
Caparazones de esmeraldas y hojas despistadas.
Malditas palabras que se escapan en una tarde lluviosa de septiembre.
Malditos grises de esperanza, de tristezas penetradas, de vientos sin rumbo y hojas despintadas.
¿Cómo recuperar lo que creía y seguir creyendo en lo perdido?
Llantos perdidos de hojas despistadas.
Maldito folio en blanco.
Barreras de murmullos con historias inventadas
Maldito folio en blanco.
Entrañas desgarradas y vertidas como estirados.
Maldito folio en blanco.
Verbos impersonales de voces arrinconadas.
Maldito folio en blanco.
Respuestas negativas a multiplicaciones infinitas.
Grises de esperanza y tristezas penetradas.
Caparazones de esmeraldas y hojas despistadas.
Malditas palabras que se escapan en una tarde lluviosa de septiembre.
Malditos grises de esperanza, de tristezas penetradas, de vientos sin rumbo y hojas despintadas.
¿Cómo recuperar lo que creía y seguir creyendo en lo perdido?
sábado, 26 de diciembre de 2015
Fácil ser tú.
Y en este momento absurdo de la noche no hay más que decir.
Podría escribir mil palabras, intentando explicar que te echo de menos, que no soporto sentirme lejos, pero tampoco soporto saber que sigo esperándote, que estoy sola y que solo me quedo yo. Podría escribir historias de efímeros amantes de un atardecer, podría estudiar cada segundo que pase pensando lo que podríamos ser y por supuesto podría despegar en una nave de fantasía con mil sentimientos. Claro que podría hacerlo. Podría culparte de todo: del fracaso, del dolor, de las alegrías, de los llantos, de las ilusiones; podría escapar pensando que todo murió. Y podría pasarme la vida entera así. ¿Qué más da?
Podría odiarte. Podría amarte. Podrías dejarte en cenizas acurrucado en ese cofre violeta de desamor. Nadie diría nada, porque ahí es donde tienes que estar. Lejos, guardado, oculto, enterrado, perdonado, viajante en el olvido, en lo que nunca te dije y en lo que ya sabes pero solo quieres ignorar. Porque es fácil y cómodo quedarse donde estás.
Podría escribir mil palabras, intentando explicar que te echo de menos, que no soporto sentirme lejos, pero tampoco soporto saber que sigo esperándote, que estoy sola y que solo me quedo yo. Podría escribir historias de efímeros amantes de un atardecer, podría estudiar cada segundo que pase pensando lo que podríamos ser y por supuesto podría despegar en una nave de fantasía con mil sentimientos. Claro que podría hacerlo. Podría culparte de todo: del fracaso, del dolor, de las alegrías, de los llantos, de las ilusiones; podría escapar pensando que todo murió. Y podría pasarme la vida entera así. ¿Qué más da?
Podría odiarte. Podría amarte. Podrías dejarte en cenizas acurrucado en ese cofre violeta de desamor. Nadie diría nada, porque ahí es donde tienes que estar. Lejos, guardado, oculto, enterrado, perdonado, viajante en el olvido, en lo que nunca te dije y en lo que ya sabes pero solo quieres ignorar. Porque es fácil y cómodo quedarse donde estás.
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