lunes, 26 de diciembre de 2016

Léeme lo que yo te escribiré

Intento dibujarla en mi mente. Recordando sus movimientos y sus palabras perdidas. Intento comprender sus melodías, cada entonación que hasta ahora era incomprensible...
Y la observo en la ausencia, la busco entre líneas de versos rotos. Imagino su aliento en mi frente, sus manos rozando mi alma.
Y me doy cuenta que suelo pedirle mucho al corazón, sin darme cuenta que tan solo es un músculo demasiado ocupado con sus latidos, como para tener tiempo de padecer por amor.

Abu

Sí señora! Ese era tu reclamo.

Me gustan sus ojos, sus verdes ojos. Son grandes y vivos. Su sonrisa, las carcajadas son indiscutibles. Por supuesto, ese humor de la familia. Y como olvidar los chismes.

Tu fuerza es indiscutible, tu valentía en la vida es impredecible. Y te agradezco todo, porque a pesar de todas las cosas, siempre me recibes con una sonrisa y con tu cariño. Es imposible tenerte rencor, porque por encima de todo eres mi “abu”, mi “ubita”. La mujer más increíble de mi vida.

Si desgranáramos cada virtud y cada cosa buena que le das a tu familia, este escrito sería interminable. Espero poder volverte a repetir, lo maravillosa que eres, pero esta vez a la cara, dándote un abracito y mirándote a los ojos.


Gracias Abu.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Eso

Y sí.
Nos fijamos en aquello que destaca, en ello que nos llama la atención.
Nos encanta lo 'misterioso', lo profano, lo prohibido. Lo que nos sacia con una sonrisa picara.
Nos vuelve locos ese deseo, ese descontrol que nos muestra, aunque posiblemente por dentro este más controlado que nosotros mismos. A lo mejor somos más prohibidos y caprichosos que aquello en lo que nos fijamos.
Esperamos constantemente respuestas de ello. Nos enloquecemos
Nos obsesionamos, fascinamos de su encanto. Nos convertimos en insaciables sodomitas de su aliento

lunes, 5 de septiembre de 2016

Carpintero

Carpintero de nieve.
Odioso umbral de madera que cortabas en aquella mañana de octubre.
Creías que el viento podría ocultar el serrín de tu musa esculpida.
Pero olvidabas que el otoño no perdona.
Y el ocaso termina cumpliendo sus deudas.

viernes, 8 de abril de 2016

Maldito folio en blanco

Maldito folio en blanco.

Llantos perdidos de hojas despistadas.


Maldito folio en blanco.


Barreras de murmullos con historias inventadas


Maldito folio en blanco.


Entrañas desgarradas y vertidas como estirados.


Maldito folio en blanco.


Verbos impersonales de voces arrinconadas.


Maldito folio en blanco.


Respuestas negativas a multiplicaciones infinitas.


Grises de esperanza y tristezas penetradas.

Caparazones de esmeraldas y hojas despistadas.
Malditas palabras que se escapan en una tarde lluviosa de septiembre.
Malditos grises de esperanza, de tristezas penetradas, de vientos sin rumbo y hojas despintadas.
¿Cómo recuperar lo que creía y seguir creyendo en lo perdido?

sábado, 26 de diciembre de 2015

Fácil ser tú.

Y en este momento absurdo de la noche no hay más que decir.
Podría escribir mil palabras, intentando explicar que te echo de menos, que no soporto sentirme lejos, pero tampoco soporto saber que sigo esperándote, que estoy sola y que solo me quedo yo. Podría escribir historias de efímeros amantes de un atardecer, podría estudiar cada segundo que pase pensando lo que podríamos ser y por supuesto podría despegar en una nave de fantasía con mil sentimientos. Claro que podría hacerlo. Podría culparte de todo: del fracaso, del dolor, de las alegrías, de los llantos, de las ilusiones; podría escapar pensando que todo murió. Y podría pasarme la vida entera así. ¿Qué más da?
Podría odiarte. Podría amarte. Podrías dejarte en cenizas acurrucado en ese cofre violeta de desamor. Nadie diría nada, porque ahí es donde tienes que estar. Lejos, guardado, oculto, enterrado, perdonado, viajante en el olvido, en lo que nunca te dije y en lo que ya sabes pero solo quieres ignorar. Porque es fácil y cómodo quedarse donde estás.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Huyes.

Y lo sabías.
Lo sabías perfectamente.
No solo era imaginación mía.
No estoy tan loca como para imaginar todo el tiempo cosas que no pueden ser. Porque esas cosas se notan, se sienten.
Y lo sabías.
Y tú también lo notaste.
Pero sé perfectamente que nunca lo dirás, que nunca harás nada para que yo pueda soñar contigo y que aparezcas en otro sitio distinto al de mis fantasías absurdas.
Y lo sabías.
Sabías que actuaríamos así, como si nada pasase.
Sabías que te buscaría fácilmente pero que no me atrevería a hacer nada, que cualquier ficha que moviese sería delatadora.
Y huyes como si nada pasase; pero lo sabes y de vez en cuando en tu mente aparece como un niño jugando al escondite, porque lo sabes.
Y lo sabías.