Tan solo escribías en tu gran libreta blanca. Parecía que no hubiese una mañana, que solo te concentrabas en sus palabras.
Era extraño verte levantar la mirada de aquel papel. Solo observabas su explicación y pocas veces sonreías con sus bromas.
Ignorabas que en ese rincón de esa insulsa habitación había alguien. Que en ese pequeño pupitre estaba ella.
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