Silvestres navíos de amor nos encontramos tu y yo.
Violentas palabras de cariño aparecieron sin pedirlo.
Como dos prisioneros de nuestro propio drama nos encontramos por el camino y nadie nos aviso del dolor, nadie nos advirtió del futuro, de las batallas caídas y las guerras perdidas. Nadie nos dijo que esto nos destruiría, que ahogaría aquel pequeño muñeco amante de nuestro corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario