Sentada en su pupitre como cada mañana
ocultando tristezas que un día la desesperaban.
Silenciosos latidos saltan de su ser y suenan tambores del anochecer
y nace mi ilusión absurda de un noche estrellada que te observa como la Luna espía su alma.
Brisa de fuego que se funde con su piel y dibuja siluetas al amanecer
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